Diferencia entre las organizaciones públicas y privadas

Quien haya trabajado en organizaciones gubernamentales o también llamadas «públicas», se pudo haber percatado de la rigidez que caracteriza su estructura, en el sentido de la normativa y los procesos que establecen.

Yo tuve la suerte de trabajar tanto en organizaciones públicas como privadas. Y digo suerte, porque ambos sistemas, muy distintos entre sí, me han permitido tener una perspectiva que de otro modo no hubiera podido adquirir.

La organización pública es ante todo, parte de un sistema más grande. Este donde esté, siempre tiene que rendir cuentas a un organismo más elevado o a la sociedad misma de manera directa. Además, sus sistemas están basados en un complejo e intrincado sistema de normativas que hacen aún más difícil su administración.

Por si fuera poco, en el sector público, la comunicación es en su gran mayoría formal, lo que significa que demanda ingentes cantidades de tiempo y dinero.

Pero existe una razón para tanta burocracia. Las normas existen porque existen personas que podrían hacer lo contrario a las normas. Si todos fueran ecuánimes e íntegros, no serían necesarias las normas, solo unas cuentas directrices para saber como actuar y a donde acudir.

«Las normas existen porque existen personas que podrían hacer lo contrario a las normas»

La salud y honestidad de una organización se puede medir por la cantidad de normativa que quiere para sus operaciones. Si un organismo tiene normas para todo, entonces las personas que componen esta organización o las que podrían llegar a trabajar ahí, no tienen el más mínimo interés en el éxito de la misión y visión de la entidad.

Es importante pues, identificar si la cantidad de normativa es abrumadora. A más normativa, más burocracia.

Así definiríamos la gran ineficiencia en organismos estatales o públicos. Es muy raro que alguien que trabaje en una organización del estado sepa la misión o visión, simplemente trabajan porque reciben un sueldo y ya. Muchas veces la paga es poca, y cualquier «esfuerzo» extra que se les pida hacer, sienten que no vale la pena.

¿Cómo son las organizaciones privadas?

Las organizaciones privadas, a menos que sean organismos de beneficencia, existen para lucrar.  Son el eje de la economía capitalista y en casi todo el mundo validan su existencia en función a un correlato con la prosperidad de las naciones.

Las organizaciones privadas tienen sus propias reglas. Los trabajadores generalmente tienen clara la misión y visión de la empresa. La comunicación es vital y se busca hacerla fluida, por lo cual hacen uso intensivo del correo electrónico y sistemas informáticos.

Quienes trabajen en una empresa privada, trabajan para generar más dinero a su empleador. Los que trabajan en una organización pública, trabajan para la sociedad (la sociedad les paga el sueldo).

Cada organización privada suele ser más eficiente, porque lo que les guía es la utilidad generada en el tiempo con determinados recursos invertidos. También existe una menor probabilidad de corrupción dado que el sistema está mucho más controlado por  procesos establecidos que están en constante observación y mejora. Tienen visión estratégica.

¿Que hacer con las organizaciones públicas?

El principal problema en las organizaciones del estado o públicas, es la corrupción. Y corrupción se entiende como todo aquel acto que se centre en menoscabar los recursos de la institución con un beneficio particular. Por ejemplo, si uno es ineficiente en su trabajo, no atiende bien al público, malgasta recursos y usa influencias para su provecho, ya está cometiendo corrupción. Corrupción no es solo es robar mediante contratos. En un sentido amplio, la corrupción se entiende como todo aquel acto alejado de la línea de misión de la entidad.

¿En ese sentido, que podemos hacer con las organizaciones públicas? Las organizaciones son las personas y las personas son las organizaciones. Por tanto, toda acción debe centrarse en las personas.

La solución más sencilla siempre será reemplazar a «todas» las personas, pero eso linda con la estabilidad laboral y su legislación relacionada. Es casi imposible.

Entonces ¿no hay salida?. La hay, pero es en extremo de alta estrategia, y como sabemos, toda estrategia tiene que ser validada, aprobada y llevada a cabo por las cabezas. Eso nos da un indicio: todo debe partir de «las cabezas». Entonces, si queremos un cambio, necesitamos cabezas estratégicas, con experiencia y comprometidas con el cambio.

No existe otra solución al mediano plazo.

Conseguir al mejor equipo de directivos

Para conseguir al mejor equipo de directivos, es necesario desgastar las motivaciones políticas de influencia y favores. Eso significa eliminar por completo la figura del equipo «de confianza». Designación a dedo de colaboradores que acompañan la gestión de los directivos.

Eliminar las designaciones «de confianza» obligara a agenciarse de personas cuyo único interés será la organización y no la gestión. La gestión básicamente se centra en «apagar incendios» y no tiene visión a largo plazo. La visión de los «gestionadores» se acaba donde acaba la designación y saben que eso es relativamente pronto.

En cambio «los estrategas» trabajan en función a una visión y eso cambia por completo las reglas de desarrollo.

Conclusiones

De la diferencia entre las organizaciones públicas y privadas, podemos rescatar un elemento vital que falta a las organizaciones del estado y que puede eliminar con la burocracia y la corrupción.

Este elemento es la visión estratégica.

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